Que bendición ser una mujer de cuatro decadas

Se inicia este 2010 mientras veo el afán de tantas mujeres por querer retener el tiempo, en lo que yo disfruto al igual que tantas otras el  haber alcanzado esta fabulosa etapa en la  vida, la misma en que comprendemos que somos las protagonistas de nuestra propia existencia, esa escena donde nos desdoblamos en papeles de hijas, hermanas, madres, abuelas, amigas, esposas, y donde anteriormente habíamos olvidado que podemos ser el personaje principal de cada uno de nuestros días, y aunque las obligaciones no desaparecerán las enfrentamos con el regocijo de reservarnos ese tiempo nuestro que antes creímos nos estaba practicamente prohibido.

Qué hermosa la vida cuando con elegancia declinamos la ofensa lanzada con maña e ironía, y sonreímos con indulgencia ante la maldad y la envidia, perdonando nuestras miserias y abrazando nuestras grandezas sin fanfarria ni falsa elocuencia, pues al fin comprendimos que no necesitamos ser seres perfectos, nuestra edad nos libera de esa quimera y los años ya vividos nos permiten conocer nuestras debilidades y nuestros defectos, aceptarnos tal y como somos con mayor indulgencia derogándonos el derecho a seguir equivocándonos pues no nacemos con un manual de instrucciones bajo el brazo y solo la vida nos va convirtiendo de alumnos a maestros, es por ello que ni siquiera tenemos que responder a las expectativas que los otros tienen sobre nosotras, simplemente debemos vibrar con cada minuto que nos permite ser consientes de nuestra maravillosa existencia, incluso, señoras, podemos darnos el lujo de mirarnos cada mañana al espejo y aceptar esa pata de gallina que dibuja nuestros ojos o aquella cana rebelde que se empeña en recordarnos el paso del tiempo que luego camuflajeamos con alegre coqueteria.

Que sabio el tiempo que nos permite  llegar al convencimiento de que no es preciso correr tras los sueños, pues cuando dejamos de hacerlo ellos vienen por si solos a nuestras vidas.

Que plenitud haber logrado aprender a disfrutar del silencio y ser amigas de la soledad a la que consideramos una cómplice de nuestros mejores pensamientos, que alivio el hecho de poder volver la vista atrás y dejar a nuestra espalda ese pasado cargado de recuerdos sin la vana pretensión de querer ser jovenes todo el tiempo.

Que maravilloso resulta  madurar al comprender lo corta que es la vida y que dificil  el oficio de vivirla cuando siempre hay tantas cosas por hacer, tantos lugares por recorrer y acontecimientos en los que quisiéramos estar presentes, por eso hemos aprendido a rechazar con elegancia a las personas negativas, a las que roban el aliento, las que son anclas en lugar de alas pues  simplemente son ladrones de nuestro tiempo, ese que nos enseño a enfrentar las dificultades de frente y resolver nuestros problemas con inteligencia y a la mayor brevedad para que no se hagan eternos.

Que felicidad  haber alcanzado esta década donde no nos importa acaparar nada ni a nadie, pues al igual que el mar, la brisa y el sol, recibimos todo con los brazos abiertos pues ya sabemos que al igual que el agua si los cerramos nos quedamos sin nada, así dejamos partir a los hijos y a los amigos, a los amores de paso y a los cariños eternos sabiendo que somos ese puerto de donde se sale y donde se puede volver si se regresa.

Que gozo nos brinda  liberarnos de tantas manías y convencernos de que la felicidad esta aquí, en este instante que podemos acomodar a nuestro antojo llenándolo de paz y armonía. Solamente asi sabremos lo hermosa que es nuestra existencia.

Feliz 2010 señoras convencidas y orgullosas de sus días.

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