Me enamoré de México desde que era una niña, a través de las películas que mi madre y mi abuela veían cada tarde en un espacio conocido como Cine del Hogar, fue así como conocí a Jorge Negrete quedando atrapada en su gallardía y su voz, María Félix, Pedro Infante, aquellas rancheras que fueron mostrándome un país seductoramente amable y gentil, guerrero como sus ancestros, respetuoso de sus tradiciones.
Muchas veces he confesado negarme a morir sin antes escuchar a los mariachis en plena Plaza Garibaldi, probar la carne con chile, beber un buen tequila, andar por el Paseo de La Reforma, visitar el Zócalo y el Ángel de la Independencia, compartir con la gente de esa maravillosa tierra llena de tanta pasión como sus volcanes.
Hoy lloro por el país de mis sueños, el que nunca he conocido pese a amarlo desde pequeña, sufro cada titular que habla de un Estado fallido o del desbordamiento de la violencia, pues no puede ser el miedo lo que se respire en esa tierra de leyendas; el temor a perder a un ser querido en medio de un derramamiento de sangre que cada día cobra nuevas víctimas, no me resigno a que se cuenten 550 muertos en un sólo mes y que las cifras ya sumen 3000 personas.
La inseguridad no puede ser la preocupante fundamental de cada mexicano superando incluso la actual crisis económica internacional, el temor al secuestro que cada minuto cobra fuerza en una modalidad que no respeta hombres, mujeres y niños, mientras el Sr. Felipe Calderón afirma y cito: “Recuperar la seguridad ciudadana en todo el país es la más alta prioridad del gobierno”
El pueblo mexicano está llamado a actuar y debe saber cómo hacerlo, ya que la esperanza depositada en los políticos pese a todas sus “buenas intensiones” tiene como dice Facundo Cabral, una rara forma de caerse por la mitad.
Han comenzado las llamadas marchas contra la violencia de la que debemos hacernos eco en todos los rincones del mundo en un reclamo unánime por la paz, siguiendo el lema “Iluminemos México” para hacerle entender a aquellos que no deben ser llamados mexicanos, que hay un mundo fuera de sus fronteras que esta junto a cada hombre y mujer de bien, un mundo que desea la estabilidad de un país donde sus hijos puedan correr de nuevo por las calles, jugar en las plazas y volver a sonreír sin el temor a desaparecer de la mirada de sus seres queridos.
Que se borren las fronteras sociales, que se unan en un solo puño alto y fuerte los trabajadores, intelectuales, empresarios, actores, actrices, amas de casa, cantantes, medicos, ingenieros, campesinos, constructores, que se sumen los abuelos con su ternura milenaria, y gritemos bien fuerte ante las mismas fauces del crimen organizado:
¡Viva, México, cabrones!



Posted in
Tags: 
La gente está unida, los desunidos son los gobernantes que dejan una mala imagen de la gente. Y son estratos mayores los que pelean por terrenos entre sí mientras mucha gente huye hacia otros países. La desconfianza ante autoridades también es otra cosa, por lo mismo el miedo a las fauces del crimen organizado es tangible pues gobierno y crimen son como las cabezas de la Hidra.
La visión aquí escrita es ajena y empática por lo que se comprenden muchas omisiones. Lo que si se agradece es el gusto que le tienes a México, hay más allá del colorido del Distrito Federal que mencionas, pues en treinta y dos entidades federativas hay mucho más allá =)