Tengo un gran amigo llamado Gilberto Dihigo, quien ademas de ser un critico agudo es un fiel escritor de una realidad sin maquillaje.
Dihigo publica con frecuencia articulos a traves de su pagina en Facebook, y contando con su autorizacion he decidido reproducir en mi pagina, esta tragedia optimista que nos envuelve a todos los latinoamericanos.
NADA HUMANO ME ES AJENO 
Por Gilberto Dihigo.
Los latinos –hombres y mujeres- somos buenos músicos, poetas, escritores, deportistas, periodistas, buenos amantes, excelentes pintores, pero con políticos que son excremento, deyección, defecación, excreción, detrito, heces, boñiga, bodrio, en fin que son una verdadera caca, por no decir la punzante palabra.
El cubano José Martí en su ensayo “Nuestra América” dijo con certeza, “en pueblos compuestos de elementos cultos e incultos, los incultos gobernarán, por su hábito de agredir y resolver las dudas con su mano, allí donde los cultos no aprendan el arte del gobierno”.
Y ese es uno de los males que arrastra América Latina dentro de su devenir histórico: los elementos incultos nos dirigen, nos llevan de la mano en la política y el resultado es que a pesar de los pesares no acabamos de arrancar como sociedades modernas. Los latinos permanecemos presos del caudillismo, la demagogia y el clientelismo político que cualquier hijo de vecina fácil y con tres dedos de frente estimula para sus fines de llegar al poder.
Lo lamentable es que la pretensión de llegar al poder no es para mejorar al pueblo que afirman defender, sino para perpetuarse y encadenarlo a su voluntad. Repasemos nuestra infame galería de dictadores: el chileno Augusto Pinochet, el uruguayo Aparicio Méndez, el paraguayo Alfredo Stroessner, el boliviano Hugo Banzer, el peruano Juan Velasco Alvarado, el brasilero Humberto Branco. Continúan el listado, el colombiano Gustavo Rojas Pinilla, el venezolano José Antonio Páez, el panameño Manuel Antonio Noriega, el nicaragüense Anastasio Somoza, el hondureño Tiburcio Carias, el guatemalteco Carlos Castillo, el mexicano Porfirio Díaz, el haitiano Francois Duvalier, el dominicano Rafael Leónidas Trujillo y por supuesto el cubano Fidel Castro.
Resulta evidente que salvo Costa Rica, nadie en nuestra región escapa de tener a estos hombres que se creen superdotados y bendecidos por una fuerza superior que los lleva a conducir los destinos de sus pueblos.
Lo risible y trágico de estas emociones calenturientas de nuestros dictadores es que es el propio pueblo empobrecido el que se encarga de mostrarle el espejo mágico que le dice de manera constante que son genios y merecen ser adorados desde esa posición presidencial que adoptan constreñidos por la república y constitución y a la que cambian para sus fines sicológicos de convertirse en reyes o emperadores, según el “mojón” mental que lo impulse.
Esa población más hundida en la pobreza y que como solterona de pueblo fue desilusionada una y otra vez por los políticos tradicionales, cree que con la llegada del nuevo mesías político que critica a los ricos y le entrega dos o tres beneficios, su destino cambiara. Y solo cuando pasan años ese mismo pueblo comprende que otra vez fue traicionado, pero ya transcurrió el tiempo y el dictador liquidó a varias generaciones y a su propio país dentro de su mandato.
Ahora mismo nuestro panorama es desalentador echemos un vistazo al más “ilustre” de nuestros incipientes dictadores: Hugo Chávez en Venezuela.
En 1994 Chávez fue liberado de la cárcel de Yare por el Presidente Rafael Caldera. En prisión esperaba ser juzgado por rebelión militar y traición a la patria, lo cual conlleva una pena de 30 años de cárcel en Venezuela. Chávez llevo a cabo una insurrección militar en 1992, donde murieron alrededor de 200 venezolanos.
Chávez es un ejemplo típico del caudillo autoritario latinoamericano y pertenece a la especie peligrosa, la que se considera iluminada para combatir al “imperio” y convertir a su país en el número uno del mundo –uno de los slogan preferido de todos los dictadores-.
Lo singular de nuestros dictadores es que todos tratan de llegar al pueblo, no con más democracia, sino con detalles y medidas populistas. Chávez canta, Zelaya se pone un sombrero y también canta pero canciones rancheras, Rafael Correa toca la guitarra, Evo Morales juega futbol, Fernando Lugo tiene hijos por doquier, como buen sacerdote y que ratifica la potencia latinoamericana, Daniel Ortega bebe “guaro” sin discreción, Raúl Castro trata de ser chistoso y Cristina vive modelando. Todos juran por su madre que piensan en el pueblo y todos, como un poema de Nicolás Guillen, se dan golpes en el pecho y se dicen santo, santo, santo, cuando son diablo, diablo, diablo.
El populismo vive una época de apogeo actualmente en América Latina frente a la crisis de modelos eficaces que ayuden a luchar contra la pobreza, el primer apellido que tiene la región y la corrupción, el principal mal de los gobiernos.
El futuro latinoamericano es gris porque los mejores cerebros de nuestra región deciden partir hacia el primer mundo donde existen mejores perspectivas de vida y la democracia no acaba de encontrar su espacio definitivo.
Mientras las superpotencias no acaben de comprender que la llave para detener la inmigración ilegal hacia sus boyantes naciones es ayudar de manera real a los países mas “jodidos” para que consigan su desarrollo y estabilicen sus democracias, los dictadores florecerán para nuestra desgracia.



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El artículo dice verdades y nombra a Fidel entre esa caterva de gentuza, pero ¿Por qué “latinos”? Con ese título de cita de Terencio pensaba que iba a hablar de escritores latinos, es decir, que escriben en latín. Al llamarse así perpetúan untontería perpetrada por Napoleón III (desde su punto de vista no era tal tontería) que usó ese término para justificar su intervención en México. ¿Es que se habla en la lengua de Roma en América? ¿No sería mejor de cir Ïberoamericanos? Si se dice porque un trozo de La Española (Haití) habla francés, ¿El Quebec es Latinoamérica?
Lo primero que liberará Iberoamérica de sus complejos es reconocer lo que es. Algunos españoles y portugueses obraron de modo injusto, pero también los romanos en España… Felicidades por el artículo, eso no quita mi admiración.
Felicitaciones a los dos, a ti Olga por tu interesante pagina, a Gilberto por un articulo que no tiene desperdicio.
Esperamos mas trabajos de los dos.
Admiro la profesionalidad con que escribe tu amigo, la agudeza de su juicio, lo mejor de esta tragedia optimista fue tener la posibilidad de leer a un hombre guapo e inteligente.
Te felicito, Olga, por lo acertado de incluir este articulo en tu pagina.