Hoy cumplo 47 años

Desperté con las incoherentes palabras de mi nieto, la prisa pisándome los talones mientras el reloj corre burlando su propio tiempo. Siempre he creído que las mujeres somos una especie de generales sin ramos que logramos comandar una tropa con palabras escuetas y precisas organizando en un santiamén la dinámica de la familia que incluye la preparación de un desayuno mientras dejamos en la tendedera la ropa recién lavada, damos vitaminas, preparamos loncheras y recogemos la basura que hay que sacar de casa, finalmente bajar tres pisos cargada de bultos y paquetes, un niño a cuestas para poner en marcha un vehículo al que le gotea el aceite y todo esto antes de que alguien diga: uno, dos y tres.

La primera parada es el Maternal donde cuidan a Alejandro Javier, se le explica a la seño lo que lleva en su bulto para comer, se le recuerda lo que debe consumir como merienda y a la hora en que se volverá por él, luego gano a duras penas la avenida Rómulo Betancourt metiéndome de lleno en un tráfico infernal en plena hora pico mientras escucho a mi hija planificar la fiesta de celebración.

Hace 22 años atrás se le ocurrió al destino hacerme una broma que otros catalogan como acontecimiento sublime y fue traer al escenario de éste mundo, justo el día de mi cumpleaños, a una niña, sin darme cuenta que a partir de ese momento dejaría de tener festividades pues el protagonismo de la fecha se lo llevaría Amalia quien no cede un ápice en el compartir mutuo quizás porque cree que las mujeres de mi edad no deseamos cumplir un año más.

Ella ya mandó a arreglar su vestido, que por supuesto debo recoger junto a unos zapatos de tacos altos, se maquillará especialmente para la ocasión en la que podrá reunirse con amigos y compañeros delegándome la tarea de cuidar a mi nieto pues no hay como las manos de una abuela para garantizar la tranquilidad de una noche de baile sin preocupación.

En mi oficina me pican un biscocho de vainilla y me cantan Felicidades, antesala de todo el trabajo que aun me espera antes de que termine el dia, y que incluye una visita rápida al Supermercado, pasar por el taller de mecánica junto a la recogida del vestido, el baño de mi nieto, sumando la tarea de darle de comer.

Rememorando cada acontecimiento de éste 13 de Marzo hubiese comenzado años atrás maldiciendo el no haber sonado el despertador, el haber tenido que correr a toda prisa para adelantar los quehaceres de la casa, que no exista en ella alguien que al menos bote la basura, que el vehículo gotee aceite, el trafico infernal en su hora pico, la incompetencia de los choferes, los bocinazos junto a los miembros de la Policía Metropolitana que se empeñan en dirigir el tránsito sin apagar los semáforos creando más caos que beneficios.

El mal humor hubiese calado en mi interior gritándole a mi hija antes de dejarla en su trabajo por su falta de consideración y recordándole que yo también naci en un día como hoy, no me gusta el biscocho de vainilla y lo hubiese dicho a viva voz, protestaría por tener que hacer las compras del Súper justo en un día como hoy, recoger un vestido que no es mio, enjabonando a mi nieto entre quejas y lamentos, contando doblemente los minutos que demora en comer mientras él ajeno a todo acontecimiento, se empeña en jugar justo cuando yo lo deseo acostar.

Cae la noche en el primer día de mis cuarenta y siete años, en mis brazos finalmente duerme Alejandro Javier, la casa ha quedado en silencio luego del alboroto que acompañó la partida de Amalia y sus amigas rumbo a una Discoteca, acuesto al nene en su cuna después de besarlo calladamente en la frente, destapo una botella de vino y me sirvo una copa que comparto en silencio con mi computador mientras mis dedos vuelan sobre el teclado creyendo escuchar las voces de todos los que un día me amaron y que a pesar de los años y la muerte me cantan desde su bendita eternidad:

Felicidades, Olguita, en tu día

Que lo pases con sana alegría

Muchos años de paz y armonía

Felicidad… felicidad… felicidad.

Hoy puedo diferenciar lo que realmente es importante de lo que no lo es, hoy puedo comprender que la vida exige como gozo el andar paso a paso disfrutando de una diversión desafiante que puede llegar a ser muy placentera, hoy levanto la voz con pasión únicamente cuando lo deseo hacer, hoy disfruto, por paradójico que parezca, del egoísmo de mi hija, hoy se diferenciar esos derechos por lo que realmente vale la pena luchar y dejar los otros acontecimientos pasar,  hoy puedo comprender que lo más importante de éste día es que yo lo sé y junto con él me llega el sublime valor de la madurez.

¡Gracias a Dios hoy cumplo 47 años!

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