Las tradiciones embellecen nuestras vidas como mismo lo hacen las leyendas, en ellas sustentamos toda suerte de idealismo que nos regala los mejores sentimientos, y es justamente a una hermosa tradición que comenzamos un tiempo de gratitud sin importar cómo resultó el año que termina para cada uno de nosotros, agradeciendo a la vida con infinita ilusión por los días vividos mientras esperamos que el próximo 2009 sea un tiempo mejor y que pese a los augurios de dificultades y crisis que se avecinan muchas cosas buenas nos deparen los 365 días del nuevo año.
Pedimos salud, prosperidad, éxitos, y sobre todo que nuestros amigos lo sigan siendo como muestra de que las buenas relaciones no tienen fecha de caducidad. Es tradición en esta época del año obsequiar, reconocer los esfuerzos de otros, la ayuda que nos han dado durante todo el tiempo que llevamos conociéndonos así sean apenas cuatro meses, y con ese sentimiento me fui a una tienda de celulares y compré uno para una de las personas que cuida de mi nieto en su Escuelita de Estimulación Temprana lo que en Cuba se llamaría Circulo Infantil y en otros países Kínder o Guardería.
Llegué pensando que había hecho una noble acción pues dicha “seño” se había quedado sin el suyo cuando se lo robaron en un carro público, por lo que vestida con mi mejor sonrisa me presenté ante ella a la hora en que recogía a mi nieto y en nombre de los dos le deseamos una hermosa Navidad.
¿Cuál no sería mi sorpresa cuando aquella joven abrió la caja y mirándome con evidentes signos de frustración me dijo que ella no quería ese celular pues los que acostumbra a usar son más caros?
Realmente doy gracias a Dios por haber nacido en Cuba, es algo que he dicho en más de una ocasión y lo repito con firmeza hoy, pues los cubanos que no hemos podido disfrutar de éstas festividades desde hace cincuenta años nos regodeamos en las acciones más que en el efecto práctico de las mismas, como la anciana Lina quien me abrazó llorando en mi último viaje a La Habana por haberle regalado un modesto set de agujas de cocer con carreteles de hilos de diferentes colores, algo que vio por última vez antes del año 59. Recordé con cuanto agrado reciben mis vecinos sencillos presentes que apenas ayudan a cubrir sus múltiples necesidades, pero que aceptan como diamantes aunque sean pastillas de jabón o un frasco de medicamento que con ansias estaban esperando.
Comentando el incidente con personas amigas me han referido de sus frustraciones por idénticos motivos con personas que esperaban regalos diferentes a los que les fueron dados o que los mismos correspondieran a gustos tan únicos que es imposible imaginar, mientras yo me cuestiono una y otra vez: ¿Qué nos está pasando?
Que estas hermosas fiestas que agrupan la llamada Noche de Bendición nos permita recuperar el significado de hermosas palabras como: Respeto, Gratitud, Modestia, Solidaridad, Desinterés, Autenticidad, Honradez, Rectitud, Sencillez, Honor, Dignidad y Amor del bueno como el mejor regalo de quien murió en la cruz para que el mundo fuese un lugar mejor.



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Por eso estamos como estamos, Olga, por la perdida de valores.
Santo Domingo.