Primera critica especializada sobre EL SECRETO DE LA MANZANA. Diario El Vocero. Puerto Rico.

Triste relato sobre un homosexual cubano

Por Jorge Rodríguez
EL VOCERO Lunes 26 de Julio de 2010 06:23

Imagen tomada de la portada del libro "El secreto de la manzana"Imagen tomada de la portada del libro “El secreto de la manzana”

La escritora cubana Olga Consuegra, tras dedicar varios años para compilar 22 entrevistas realizadas a jineteras de su país y en el exilio, bajo el título, “La noche parió una jinetera” (Editorial Manatí, República Dominicana, 2006), retorna al tinglado literario contemporáneo, con un espeluznante relato de nombre, “El secreto de la manzana” (Advana Vieja, Valencia, España, 2010), en el que relata la triste historia de un homosexual pobre cubano desde que se descubre en su emergente identidad sexual hasta que la acepta como un gran acto de autodeterminación al llegar a su adultez.

Antecediéndole en tema, escenario y atmósfera la novela de Pedro Juan Gutiérrez, “El rey de La Habana” y “Las puertas de la noche” de Amir Valle, Consuegra como escritora, comparte con ambos narradores una existencia destinada a la nada social dentro de un ambiente dickensiano de extrema soledad y privaciones, pero que contrario a los escritores varones, consigue un giro en la acción que salva a su personaje para dejarle progresar y evolucionar aunque sea desde el destierro.

Andrés, el protagonista, es objeto de abuso por sus padres de las maneras más crueles y abyectas, por los estudiantes con quien comparte sus jornadas escolares, por los vecinos y de todo aquel que le ve como un mulatito con cara de mujer, y afeminado. La situación es que sus padres no sólo no le aceptan como futuro homosexual sino que se las arreglan para desde adolescente delatarlo a la policía como un ser antisocial, logrando que sea encarcelado en el Centro de Reeducación de Menores de Cuba.

Alimentando una furia y una sed de venganza toda la marginación que le ha acontecido —y sin entenderla plenamente—, también en este centro es pisoteado de todas las maneras por quienes se supone le ayuden. De aquí es transladado a la prisión de adultos de seguridad máxima del Combinado del Este donde habitan miles de criminales comunes que ya no sólo abusan de él sexualmente a su gusto, sino que es desde ese círculo del infierno donde aprende a ser igual que ellos. Se vende y también aprende a actuarles, bailarles, cantarles y satisfacerles por las noches hasta que logra para sí, aprehender un gran sorbo de poder sexual.

Consuegra con una técnica en la que va desarrollando su argumento saltando los tiempos cronológicos, va creando una suerte de suspense que amarra al lector desde un principio. Una vez sale Andrés de la cárcel con un nuevo mundo de experiencias delincuentes, no ceja jamás en buscar una salida a sus graves problemas hasta que le abriga una vecina santera que le socorre en una azotea así como hacían también los personajes de Gutiérrez. Esta le santigua y le adviene al secreto de que unos balseros abandonarán La Habana al día siguiente de su encuentro, logrando colarse Andrés en esta nueva aventura en un mar inmenso que no tiene fin.

En su aventura hacia otra tierra, llega hasta la casa de unos evangélicos texanos que le socorren; y es en ese hiato que el protagonista madura para valerse por sí mismo hasta que llega a Nueva York. En la urbe comete graves errores de fidelidad, aunque siempre se debe protegido a las deidades yoruba que le acompañan en este viaje que parece no tener fin, basado en la intolerancia y prejuicios con que se enfrenta por el camino.

Si en “La noche parió una jinetera”, la autora auscultó los vicios y vicisitudes de una de las profesiones más antiguas de la humanidad y una de las explotaciones más remunerativas del mundo, en esta acción se vuelca con delicadeza hacia el personaje de Andrés, facilitándole salidas a sus puertas cerradas.

“El secreto de la manzana” también se convierte en testimonio de una triste realidad que no sólo cubre a las sociedades capitalistas sino a las socialistas por igual. Con paso acelerado, la autora pinta esta sórdida y cruel situación, con la ventaja de que deja a que su personaje sobreviva y triunfe sobre las fuerzas que se le oponen, no así como sus contrapartes literarias que dejan en el encierro a su personaje central, o sencillamente le aniquilan. La obra respira positivismo, aparte de que conmueve al lector por todos los flujos emocionales que desde esas paginas se dramatizan y respiran.

http://www.vocero.com/escenario/arte-y-cultura/9345-triste-relato-sobre-un-homosexual-cubano.html

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