
Olga Consuegra en Leon, España
Hace poco más de un mes caminaba temprano en la mañana por las estrechas y adoquinadas calles de León en busca de un aromático café que me reafirmara el despertar de un nuevo día, he de confesar que necesito de la cafeína apenas abro los ojos, fue entonces cuando me sorprendió verlo salir de la nada, colocándose delante de mí con una seguridad a prueba de bombas y sonriendo me dijo:
- Buenos días, guapa.
Quedé prendada de la suave luz de su mirada, de sus cadenciosos modales, su elegancia pausada, a todas luces es de esos seres que piensan poco en sí mismos por dedicarle más tiempo a los demás; por supuesto no pertenece a esta generación parida en la era de los Playstations, Nintendo, Internet por satélite, computadoras, chats, DVD, Dolby Surround, celulares con cámaras ni carreras de Fórmula Uno.
Me regaló el sonido de su voz mientras amablemente se dispuso a acompañarme parte del camino sin preocuparce siquiera en revelarme su nombre o apellidos. Antes de separarnos tomó mi cámara y muy dispuesto me sacó una fotografia tan pronto le comenté que adoro las construcciones en piedra, la estrechez de las calles por donde se cuela el viento y hacen eco las campanas de la iglesia. Se despidió dándome un beso en cada mejilla y me voltió la espalda sin esperar nada, a cambio de tanta gentileza.
Hoy transito por las desafiantes avenidas de Santo Domingo donde tal parece que casi todos, menos yo, saben que en pocos minutos el mundo se va a acabar, los choferes se rebasan peligrosamente a pocos milímetros un vehículo del otro, no se respetan las luces de los semáforos pues no es evidente el concepto de ley de seguridad por lo que no se toma en cuenta la intensión de quienes pretenden cruzar una calle. Alguien utiliza su jeepeta para subir por encima del césped de un separador central y dando tumbos venir a parar en sentido contrario, la meta es llegar a algun lugar sin medir consecuencias ni velocidad en medio de una desenfrenada fiebre de locura donde pululan las llamadas “voladoras” que dan un toque nacional a un tránsito caótico que bien puede ser el argumento interminable de una novela de terror en la que no importan mujeres embarazadas, niños, ancianos ni cualquier animal o simple ser humano en medio del “ahi voy”
Una muestra de ello es la noticia publicada por DIARIO LIBRE este 29 de Julio dando a conocer que un vigilante mató a perdigonazos a un simple mensajero de la Farmacia Hispano Gerding II en medio de una disputa ocasionada por el estacionamiento de una motocicleta frente al edificio Bio Médicas en el sector de Gazcue que apenas demoraría en el lugar cinco minutos, pues si alguien esta apurado por marcharce son, justamente, los mensajeros que tienen un trabajo de lleva aqui y lleva allá. Un hombre de familia perdió su vida porque un vigilante quiso que parqueara en otro lugar !Esto es cosa de locos!
Los conductores no sonríen ni por equivocación, cuando se detienen los vehiculos en un llamado tapón los choferes leen periódicos mientras una mujer se pinta los labios, la gente evita el contacto visual por inseguridad o por temor, otros hablan constantemente por celular sin importar la velocidad supuestamente establecida en la vida pues de hecho no hay ninguna señal, al parecer resulta imposible ceder el paso o aguardar unos minutos para quien de riverza pretende salir de un estacionamiento a la arteria principal, en pocas palabras estoy rodeada por una prisa demente.
Envidio el tiempo de aquellos que viajaban a 60 Kms en autos sin cinturones de seguridad, los mismos que montaban sin cascos o rodilleras sus flamantes bicicletas, los que no supieron lo que era beber agua embotellada, comieron con manteca y conzumieron azúcar sin medida haciendo una fiesta sin excusarce en una gran celebración; sus hijos jugaban en las calles sin el sobresalto de ver merodear a un adulto que los mirara con doble intensión, no se hablaba de secuestros y la palabra de persona a persona tenía la fuerza del oro puro.
Se caminaban kilómetros y kilómetros por visitar a un amigo, se sonreía con la misma naturalidad con que se daban las buenas noches, eran los tiempos en que los hombres buenos mejoraban al pasar los años al igual que un vino y sólo los malos se estropeaban con la edad.
La buena noticia es que aún hay lugares en el mundo donde la prisa no es excusa ni palabra que convive con el día a día, la gente tiene tiempo para atender a los amigos, se circula con prudencia y se valora la vida no como un milagro sino como una bendición, lugares donde existen personas como aquel gallardo abuelo que me permitió caminar a su lado temprano en la mañana por las estrechas y adoquinadas calles de León.



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Realmente es penoso el transito en mi pais, la falta de educacion vial va mas alla de tu articulo, Olga, creo que has pecado de considerada.
Santo Domingo