No te metas en mi vida que eso ya yo lo sé
Para nuestros eruditos hijos.
Vengo de una generación huérfana de sabios consejos callados por los prejuicios; pertenezco a quienes tuvimos que aprender a puro instinto de los múltiples y complicados laberintos de la vida en la que sólo encontramos la intervención directa de nuestros progenitores para hacernos notar, enérgicamente, lo que era ideológicamente correcto, lo que por ética debíamos cumplir a rajatabla como el simple hecho de que una muchacha “que se respeta” no llegaba a su casa un sábado después de la medianoche.
El estigma de una Cenicienta revolucionaria y patriótica, dispuesta a darse en sacrificio como ejemplo, viviendo seis años de su vida interna en centros donde se alternaba la educación secundaria y preuniversitaria con los trabajos directos en la agricultura, sembrando fresas, guataqueando y recogiendo mandarinas o naranjas, atendiendo el tabaco y aprendiendo a coser las hojas que se colocaban en lo alto de una casona de tabla de palma y techo de guano, resumieron buena parte de mi adolescencia; por lo que bajo la ausencia de una eficiente Hada Madrina mi generación anduvo dando tropezones y bandazos pues nos fue negada la brújula, aunque quizás de ahí sacamos algo bueno: la capacidad de recomponernos el corazón, el valor de la humildad y el hecho de considerar un consejo como una bendición maternal.
Hemos cargado sobre nuestros hombros mochilas abarrotadas de vivencias que resumen el tributo que tuvimos que pagar a la inmadurez como pasaje a la experiencia; quizás por ello aguardamos con impaciencia la llegada de nuestros hijos y mientras los amamantamos, soñamos con la edad en que sin dejar de ser sus madres, nos convertiríamos en la amiga, la cómplice, la confidente desinteresada, la consejera. Para ellos atesoramos y clasificamos en recomendaciones y ejemplos suficiente material que les sirviera de guía o referencia y los archivamos por etapas: de los 13 a los 15 años, de los 16 a los 18 en que son declarados ciudadanos “mayores de edad” con toda la responsabilidad jurídica y legal que tal condición exige, de los 19 a los 25, y así sucesivamente.
En nuestro almacén está presente la humildad como única forma de aprender de la vida, el valor como condición primera para poder subir el próximo peldaño, el respeto no como excusa ni justificación, sino como forma de honrar lo valioso.
En este derroche de glosario tiene varios tomos la palabra “amor” a las que dedicamos días y días para resumirles la diferencia entre el amor que da alas del que es un lastre o ancla, el que es superfluo del que tiene raíces y peso, el que obnubila la razón con facilidad de promesas materiales para luego dejar el mal sabor del vacío y de la desilusión. Capítulos enteros se llevó el gran amor, por el que aún estamos dispuestas a esperar la vida entera si fuese necesario.
Guardamos la fidelidad de la mano de la confianza, la sonrisa como espejo del buen humor, la inteligencia que se luce en cada palabra que reviste de finezas una conversación; aunque consiente estoy que la cultura es la exquisitez de estos tiempos, pero aún así no me abatió la desilusión.
Cultivamos la coherencia para poder ser consecuentes con nuestro destino, evitando la ambigüedad y el desatino, que junto a la banalidad, la mediocridad y la vulgaridad llenan de analfabetismo el alma y le quitan capacidad a la razón.
Hay una carpeta de información dedicada a los detalles, esos pequeños e insignificantes que engrandecen nuestro actuar y nos marcan la diferencia. Sugerimos que si van a robar, que sea un verso de los que hacen tangible la intemporalidad; que si han de embriagarse que sea de una excelente cosecha de pasión, que sólo se mata la pereza que coloca talanqueras al desarrollo del intelecto, que a lo único que debemos traicionar es al miedo: en conclusión, cada madre de mi generación intento hacer de sus hijos una dama y un caballero.
Finalmente llego el día tan largamente esperado, por lo que ni prestas ni perezosas nos presentamos ante ellos vestidas de gala, llevando como regalo…
Para leer integramente el articulo puede encontrarlo en el libro EL ECO DE LA CARACOLA
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Comentarios
Mi querida Olguita
Solo cuando iba por menos de la mitad de tu ultimo escrito senti necesidad de trasmitir este mensaje, porque aunque soy padre nunca se me ha olvidado que gracias a muchas cosas aun soy hijo;no obstante quisiera comunicarlo, para que otros hijos razonen lo que realmente se debe saber en esta etapa de la vida, si en definitiva se toman en la practica caminos distintos, creo que una vez mas no sera por instintos (como tu dices) sino por caprichos y propias decisiones, por ello me complace esta reflexion tuya y sirva de una de las mejores lecciones y/o moralejas para una joven vida.
Un abrazo
Enrique.
Cuba
Sabes que leo cada cosa tuya, pero esta me ha puesto en el papel de hija como tambien enfrentada a la responsabilidad que tengo como madre.
Solo pido a Dios que ese tiempo de justo reconocimiento te llegue mucho antes de que el mar recoja todo lo que eres y mas, pues si alguien puede darnos lecciones como madre, esa mujer se llama Olga Consuegra.
Gracias por esta clase magistral.
Miami.
USA
Excelente articulo el de No te metas en mi vida que eso ya lo se… a veces los hijos pensamos y creemos que lo sabemos todo, muchas veces por que nos va bien en el momento, mas sin embargo cuando nos caemos ahi es que viene el conchale tanto que me lo dijo mami…… muchas veces dije eso unos años atras y ahora pienso que que otra vida seria la mia si hubiese seguido los consejos de mi papá, no se si tendria otra vida mejor, no se si estubiera conforme,pero bueno asi son las cosas a veces.
Gracias por sus articulos, gracias por ofrecerme esos consejos y su esperiencia para que mi vida sea mas simple.
Al igual que la señora Milagros de Miami USA, que dejo el comentario en el articulo, espero que su recompensa no sea cuando el mar recoja sus cenizas.
Que Dios la siga bendiciendo e iluminando para que con sus buenos deseos y articulos siga iluminando las vidas de los que la rodean.
Jonhtattan
Santo Domingo
He leido tu articulo y no he podido olvidar cada consejo que me diste cuanto estuve en Republica Dominicana, cada conversacion, tu risa, tu sentido del humor y hasta las noches de baile en el club 60 a las que todas nos sometiamos para mejorar la figura y que tu llamabas “noches de aerobicos”
Tus hijos aun no saben el enorme privilegio que tienen al tener una madre como tu, quizas aun no han descubierto tu estatura de madre y no tengan claro a todo lo que has renunciado por ellos, comenzando por salir de Cuba para ayudar a tu familia.
Confio en Dios en que tus “notas” lleguen antes de tu partida que espero que demore muchos pero muchos años mas.
Sigue alumbrandonos porque eres luz y brujula no solo para Alejandro y Amalia, sino para todos los que tenemos el privilegio de conocerte.
Un abrazo desde estas tierras.
Valencia
España.
Mi querida Olga:
A nosotras nos toco vivir aunque lejos, en el mismo tiempo, en que no se nos daba mucha participacion ni mucha orientacion, y sin embargo, nos llenamos de vivencias, afortunadamente diferentes, porque asi funcionan las posibilidades, como un piñata que nos brinda la oprtunidad de conseguir al azar tantos caramelos como pisotones, y aun asi, nos levantamos, nos sacudimos, y nos disponemos a ofrecer sonrisas y consejos, siempre bien intencionados, aunque no igualmente recibidos.Es esta la epoca dificil que nos toco vivir.
En ocasiones le digo a mi Esteban que espero estar cerca para acompañarlo y entenderlo, cuando sus hijos (mis futuros nietos) le causen alguna desilusion.
Abrazos.
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El escrito “No te metas en mi vida…”está fabuloso.Lo he guardado para leerlo frente a mi prole en algún momento de reflexión espiritual.
Dr.Roberto Hau
Puerto Rico