Cuando hablamos de comunicadores queda para muchos implícito que estamos hablando de Comunicación y lamentablemente no siempre es así. Encontramos comunicadores en nuestros medios que no tienen una idea clara y precisa de la importancia de su comunicación más allá de la búsqueda obsesiva de audiencia. Personas que hacen radio, televisión e incluso prensa plana jugando, en lugar de asumir el trabajo con la ética y la responsabilidad que su roll exige, y cuando hablamos de ética como dice Alberto Vargas, nos referimos a brindar un servicio en lugar de ponerse al servicio de un interés determinado.
Hablo de la responsabilidad profesional que debe brindarse al público, a la comunidad, por encima de todas las cosas, de hacer programas con calidad, programas que dejen alguna enseñanza o aporte a la audiencia que lo sigue, que de instrucción, indicaciones precisas en un tema u otro.
Hay que saber utilizar la libertad de expresión incluso a la hora de analizar y poner en la palestra pública conflictos morales, debemos ser objetivos y ante todo medir las consecuencias de las palabras e incluso de las "malas palabras".
Cuando hablamos de la búsqueda obsesiva de la audiencia me refiero específicamente a quienes creen que los escándalos aportan fama sin darse cuenta de que los escándalos son noticia un día o dos, pero luego pasan a un segundo, tercer, cuarto plano cuando otras noticias van ocupando los titulares, al final queda una imagen desgastada de un comunicador que pierde credibilidad ante el publico.
Vemos a muchas figuras, que en determinado momento llegamos a admirar, como no miden las consecuencias de sus palabras y tal parece que abren la boca con el único propósito de buscar la controversia que lo conduzca al sensacionalismo, y eso da pena, pues al final no es más que un intento desesperado por llamar la atención.
Somos testigos en más de un caso, cuando en el afán de ser noticia estas personas no son capaces de medir los resultados y el impacto que pueda traer su actuar para la familia, las mujeres o los niños. Por eso es de vital importancia hacer uso de la prudencia, una cara bonita no es suficiente, necesitamos comunicadores integrales, personas dispuestas a una superación constante, hombres y mujeres capaces de comprometerse con la excelencia.
De todas las entrevistas en las que he participado en la República Dominicana he detectado como un error recurrente a observar, el mal manejo del ego. Gracias a Dios no son todos, pero en muchos casos el ego ha prevalecido por encima de la capacidad del comunicador, por ejemplo: No se toman ni 5 minutos para hablar con el invitado, van al aire sin siquiera saber quién es la persona que tienen delante llevándose solamente por las anotaciones que hizo su producción, por eso no importa lo que uno responda, simplemente ellos están más preocupados por hacer la siguiente pregunta que por escuchar la respuesta que se les da.
Cuando son más de uno en esos programas de panel, se pisan quitándose las palabras en busca de protagonismo olvidando que en ese momento el entrevistado es lo importante, y si hacen una buena entrevista eso les reporta mayor audiencia.
No podemos olvidar los que toman una llamada de su celular estando al aire, o mientras el entrevistado responde ellos escriben por el BB, a esos lo he visto hasta en la televisión.
No se puede improvisar todo el tiempo a la hora de hacer radio o televisión, esto no es un juego, es un oficio que requiere ante todo de un personal preparado y capaz para poder trabajar en medios masivos de comunicación.
Mi exhortación a nuestros comunicadores no solo está basada en su imagen que como la de cualquier persona resume un conjunto de atributos y valores que determinan la conducta u opiniones de la colectividad.
La gente no vive de una memoria histórica, lo que se hace en el día a día cuenta, suma o resta a favor de esa imagen, cada palabra dicha o escrita es un compromiso ante la audiencia o los seguidores, empéñese en dejar una huella, cada vez que se mencione su nombre que sea con admiración. Respeten la audiencia, porque la audiencia es el mejor termómetro de su trabajo.
No olviden que los problemas personales son justamente eso: personales, a la audiencia lo que le interesa es la forma en que usted hace su trabajo, no lo que pasa en su casa, por eso a la hora de compartir algo de su vida privada, medítelo dos veces.
Sea humilde, saludar a las personas que lo siguen, tomarse un tiempo para escucharlas es y será siempre su mejor tarjeta de presentación.
No trabaje solamente para ser recordado al final del día, trabaje para que su labor sea recordada siempre.
No busque formar parte del chisme diario, hacer ruido lo hace cualquiera, lograr que se le escuche y se le admire con consideración es una meta a la que no todos saben llegar.
