
Hace casi tres años viaje a Cuba en la víspera de un acontecimiento especial: Mi hija seria madre por primera vez.
Ligeras molestias darían paso a continuas contracciones que nos llevarían a andar de la mano interminables pasillos silenciosos de un hospital materno muchas horas antes que despuntara el amanecer. Esa noche me gradué de narradora elocuente de historias, en un supremo intento por disfrazar el dolor y restarle trascendencia al evidente malestar que sufría.
Como recurso paliativo para minimizar el efecto de las contracciones, comencé a contarle toda suerte de anécdotas que nos llevarían de aquí para allá en medio de una vorágine mezclada de sentimientos. Le hable de mi nacimiento como mi madre me lo había contado alguna vez, le hablé de su abuela y de su bisabuela, de esa historia infinitamente larga que repite en episodios el dolor ante la llegada de una nueva vida al escenario de este mundo.
Despuntando el amanecer mi hija silencio mis labios con una frase bañada de sudor: Ya va a nacer.
A toda prisa la acomodaron en una mesa de parto, ella apoyo su cabeza en mi pecho y juntas comenzamos a respirar, a triturarnos las manos, hasta ver salir de sus entrañas, el cuerpecito largo y fuerte de mi nieto. Cuando Amalia recostó extenuada su cabeza sobre la mesa, el médico anuncio: Es un varón, está perfecto.
Mi hija sonreía y yo lloraba de pura emoción. La vida me había convertido en abuela.
Miles de escenas pasaron por mi mente como una larga y resumida película de un instante, vi nuevamente la cara de mis hijos por primera vez de la misma forma en que veía las hermosas facciones de mi nieto, fue en ese momento en que comprendí que acababa de ser madre por tercera vez.
Ante la proximidad de este segundo domingo de Mayo les deseo muchas felicidades a todas las madres, y en especial a todas las abuelas, bisabuelas, tatarabuelas, mujeres que al igual que yo velan los sueños de esos pequeños que han venido a adornar nuestros días dándonos la oportunidad de disfrutar de ellos con más tiempo y más experiencia.
Dicen que los nietos se quieren más que los propios hijos…. No lo sé, pero si puedo decirles que al menos para ellos ya estamos mejor preparadas, pasamos con creces el curso de la maternidad y su milagrosa llegada a nuestras vidas nos permite vivir una experiencia única como si fuese la primera vez.